
En el mundo del turismo sabemos que nuestro trabajo depende en gran medida de
las relaciones que establecemos con nuestra competencia y con otros proveedores turísticos de sectores complementarios. Os pondré un ejemplo un poco largo pero espero que ilustrativo.
Cuando un
destino pasa a incorporarse al
portfolio de productos turísticos convencionales, habitualmente ha habido un acuerdo previa entre un
hotelero que ha encontrado una propiedad sobre la que levantar un proyecto, una
línea aérea que ha decidido abrir una ruta a ese destino y un
touroperador que ha firmado un acuerdo con el hotelero y con la compañía aérea para comercializar los paquetes turísticos.
Todos ellos además han llegado a un acuerdo previo de colaboración con las
autoridades turísticas de ese destino para habilitar, si no existían, las infraestructuras mínimas necesarias para acoger turismo (mejora del aeropuerto, estructura mínima de asistencia sanitaria, policía en la zona...). Además, se han establecido acuerdos con
empresas locales para la acogida de los visitantes en el destino y para programar salidas y excursiones que complementen la estancia. Por supuesto sabemos que la empresa de receptivo no podría ofrecer el servicio requerido si no contara con
guías y personal de acogida. Por lo que es muy previsible que la administración local se haya ocupado previamente de abrir
vías de formación para jóvenes de la zona etc.
Cuando yo monto un hotel en ese destino, normalmente querré que otros competidores se establezcan cerca. Las demandas de los visitantes harán crecer la oferta de bares, restaurantes, comercios etc. es decir de
animación. Los flujos de visitantes además serán para mi hotel una garantía de que la línea aérea seguirá operando la ruta, porque la cantidad de huéspedes que acoge el destino, le asegurará una ocupación media aceptable.
Evidentemente el ejemplo no es traspasable tal cual al mundo del enoturismo pero la
moraleja, creo que sí.
Hay que unir fuerzas si queremos obtener resultados en el mundo del enoturismo. No hay una bodega (Salvo tres en este país) que constituya por sí misma un atractivo tan potente que los visitantes acepten un desplazamiento únicamente por conocerla. Casi todos los bodegueros van a aceptar que su oferta se complemente en el territorio con restaurantes, bares de vinos, comercios, espacios de vino... pero qué pasa con la competencia.
¿Un bodeguero necesita que otras bodegas próximas tengan también oferta de enoturismo? Por supuesto que
SÍ. Nuestra bodega será adecuada para determinado perfil de clientes y necesidades pero nos conviene que en el territorio haya variedad de oferta y de tipología de producto.
Que un enoturista venga al territorio y vuelva a su destino con las expectativas cumplidas, tiene connotaciones positivas para todos, aunque sea a nivel de valoración de la DO. Pongo dos ejemplos.
- Un grupo de madrileños puede llegar al Penedés y necesitar la bodega A por que yo (Bodega B) no tengo capacidad para organizar un evento como el que requieren, pero me interesará mucho que haya una bodega en el territorio que pueda acogerlos (y no se vayan a Priorat o Montsant...) y que además haga bien su trabajo, para que cuando los madrileños vuelvan a casa y busquen en el supermercado o en la tienda especializada un vino del Penedés, se topen con mi vino y lo compren, poorque yo tengo un canal de distribución en Madrid pero mi vecino sólo trabaja con restauradores locales.
- En muchas ocasiones nos quejamos de que los viajeros vienen a nuestra DO y no pernoctan y apenas consumen. ¿Qué tal si facilitamos que un receptivo local monte producto con 4 ó 5 bodegas complementarias, un hotel, algún restaurante, alguna actividad extra etc.? Un enoturista podría visitar una bodega familiar tradicional, una bodega que apueste por la biodinámica, una gran bodega industrial y una bodega donde la joya es el viñedo por ejemplo. Una buena excusa para consumir y disfrutar de 2 ó 3 días en el territorio.
Son sólo dos ejemplos de que trabajando juntos es más fácil avanzar, pero la lista podría ser muy, muy larga.
(c) Alicia Estrada, 2009.