
Terminaba el post anterior haciéndome algunas preguntas que recupero hoy ¿Porqué la visita a una pequeña empresa familiar puede resultar mucho más atractiva que pasar un día en un gran centro de enoturismo? ¿Una gran bodega puede aspirar a salir de la “industrialización” para ofrecer una verdadera experiencia de enoturismo? ¿Cuáles son los factores clave para conseguir el éxito en la comercialización de productos turísticos en torno al vino y la gastronomía?
Creo que respondí hace tiempo ya a algunos de estas preguntas en un postque escribí precisamente después de visitar la Bodega Muga en Rioja (Mirad que abrazo tan deseado –por mi--- me da Isaac Muga en la foto que acompaña el post). Intentando parametrizar las cosas, hablaba de cuatro elementos básicos para ponernos en el buen camino: Buenas condiciones de acogida + Pedagogía + Descubrimiento + toque personal del propietario o de la empresa. “C’est la touche”, que dicen los franceses y que asociamos a esa carga emocional que esa casa, esa bodega, ese restaurante o esa enoteca… y sólo esa, nos transmite y que la hace única, intransferible e inolvidable. Creo que del vino podríamos decir lo mismo ¿no os parece?
“La touche” no tiene nada que ver con el tamaño de la empresa, quizás tenga que ver con la calidad de las personas que dirigen esas empresas, de cómo saben traspasar el espíritu de la familia, la pasión por el trabajo, la honestidad por la tierra o cualquier otro valor que ellos quieran resaltar, a su producto y a su servicio.
Si somos capaces de trasmitir algo auténtico en nuestro servicio, de contar historias en nuestra visita y lo hacemos con pasión, sólo nos quedará lo más fácil y lo único que realmente se puede comprar con dinero. El vino y el enoturismo no son pues muy diferentes de la amistad: preferimos a los amigos que nos quieren desde el corazón y no desde la clase social o el posicionamiento profesional. ¡Claro que hoy hay tanta gente que ha perdido su corazón y ni siquiera se ha percatado de su ausencia!
(c) Alicia Estrada, 2011.