
Muchos
viajeros, desengañados de las malas experiencias vividas, turísticamente
hablando, comenzaron hace unos años a buscar lo que ellos creyeron que serían,
verdaderas experiencias. Surgieron así las comunidades basadas en formatos peer to peer (P2P), formatos de economía
colaborativa cuya base consiste en poner en contacto a particulares que ofrecen
sus servicios a potenciales viajeros.
Con
este contexto se ponía así en marcha la
experiencia turística auténtica, ligada a la cultura de anfitriones
particulares, versus los productos de las empresas turísticas que no ofrecen ni
contenidos ni ese punto de local y auténtico que ofrece el anfitrión. Quizás la
pagina de Airbnb sea una de las mayores comunidades de esta especie de
intercambio entre particulares.
Evidentemente
hubo una verdadera revulsión en el sector turístico y todos empezamos a hablar
de la necesidad de incorporar las emociones para que los productos turísticos
pasaran a ser verdaderas experiencias. Entonces nos emborrachamos con otro
término de moda. Llegó el storytelling,
el arte de contar historias. Y ahí
estamos todavía.
He
oído tantas veces a predicadores
decirles a las bodegas que cuenten su historia en el diseño de las visitas
enoturísticas (su storytelling) que se
me ha desemantizado a mí también el término. Evidentemente hay un punto de
certeza en la afirmación, pero continuamente se omite algo importante: una
experiencia enoturística no tiene que ser tan solo un relato de la historia de
la bodega, de la familia, de los productos, ni siquiera del sueño del
viticultor... No vale solo con eso. Tiene que ser eso y mucho más.
Una
verdadera experiencia enoturística o turística, tanto me da, tiene que
incorporar de forma activa al cliente. Lo importante no son las emociones que
mi familia vivió al crear la bodega, por poner un ejemplo. Lo importante son
las emociones que el viajero vive cuando viene a mi bodega. El viajero debe
poder incorporar su propia NARRATIVA y vivirla a través de mi storyteling. De esta forma no debiéramos pensar en crear
experiencias, más bien en COCREAR experiencias con nuestros visitantes. No se
nos puede olvidar la figura clave.
Los
territorios, las bodegas, las empresas de gastronomía... hay que empezar a
repensar la forma en que estamos presentándonos a nuestros viajeros. Nosotros
somos anfitriones auténticos del territorio y no quiero decir con esto, que los
que ofrecen sus servicios en plataformas P2P no lo sean. Nuestra vocación en general está ligada al
desarrollo del territorio, a generar riqueza en la comunidad, a evitar que
nuestras comarcas se vacíen, que nuestros jóvenes se vayan del mundo agrario...
vayamos pues, un poco más allá y defendamos
a través de nuestros productos enoturísticos, agroalimentarios, gastronómicos... nuestros valores, implicando a todos esos
compradores que ahora lamentablemente no siempre nos ven como auténticos.
¿Cómo
se hace esto? Hasta aquí puedo leer...
(c)
Alicia Estrada
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