enero 27, 2019

Fin de la visita: cata de vino


Primero tuvimos que acomodar nuestras bodegas para poder recibir visitantes, luego tuvimos que aprender a crear productos enoturísticos y combinar nuestras raíces de viticultores y productores con el sector servicios. Ahora andamos empeñados en transformar la visita a la bodega o la viña en verdaderos productos experienciales y hemos aprendido, o estamos en ello, el valor del storytelling y de las emociones. El enoturismo hoy en día pasa por ser una vivencia que nos separa de lo cotidiano para transformarse en algo memorable.

Seguro que podemos trabajar más y mejor para alcanzar estos objetivos del enoturismo experiencial, pero ya hay un empeño de gran parte del sector por conseguir que los visitantes vivan con verdadera emoción el acercamiento a la viña y la bodega. ¿Y qué pasa con el vino como producto de consumo? ¿El enoturismo está logrando que se venda y consuma más vino?
Creo que el momento de conocer el vino, de probarlo, dentro de una visita enoturística y normalmente como colofón a ésta, es quizás la parte que peor están haciendo muchas bodegas.
·         En muchas ocasiones empezamos por confundir al visitante pues le indicamos que vamos a catar vino cuando simplemente vamos a degustar (también es cierto que quizás no hay que llegar a catar pero eso no es excusa para utilizar mal los términos).
·         Resulta además muy habitual, especialmente en bodegas grandes, concluir la visita en la zona de la tienda, servir una copa del vino más básico de la bodega a los visitantes y dejarles solos ante la copa, mientras el guía recoge al nuevo grupo.

Personalmente creo que es un grave error. La degustación final debe ser el clímax de la visita. La copa final que tomamos con el grupo debe ser la constatación de la historia que hemos contado, es la forma más patente de beber juntos las emociones que hemos querido transmitir a lo largo de la visita, por lo tanto nunca debemos dejar al grupo solo.

Este es el momento de hacer protagonista a nuestro vino de la historia de nuestra bodega y a ser posible, el protagonista más especial y más emocional. Y para esto hay que elegir bien el vino, entre los muchos que hay en la bodega, y dotarlo de un relato dentro de la narración general de la bodega. 

Evidentemente no estamos hablando de una cata técnica, hablamos de un protagonista clave citado a la largo de toda la visita. Cuando aparece la gran estrella, ¡por fin el vino!, hay que darle empaque, hay que buscarle un sitio principal, introducirlo en la historia contada y cargarlo de los valores emocionales que hemos trasmitido en la visita.  Así el vino se convierte en un elemento cargado de connotaciones positivas, que va a permitir a los visitantes reproducir, recordar y compartir en cada nueva ocasión de consumo, la gran experiencia vivida en la visita a la bodega.

¡Seguimos hablando! Feliz semana. 

(c) Alicia Estrada

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por compartir tus comentarios con nosotros:

(c) Alicia Estrada